
Melena larga, morena, 1,85 de estatura, ojos claros, 20 años, sonrisa encantadora. Ana Ivanovic no consiguió vencer en su primer duelo de altura en el Masters Femenino, el que la enfrentó por cuarta ocasión este año a Maria Sharapova. A pesar del miedo con el que se movió en la pista, el público se rindió a sus pies. Por primera vez en toda la semana, el viernes por la noche empezamos a ver las gradas del Madrid Arena llenas. ¡Ya era hora! Hace una semana, 100 mil espectadores pasaron por el Master Serie masculino.
Pero el clamor del público estaba lejos. No me di cuenta hasta que me fijé en los cámaras que realizaban la retransmisión. Para buscar un plano en el que se viera el público aplaudiendo con entusiasmo había que dirigir el objetivo prácticamente al techo. Las primera filas están reservadas a los palcos y ya se sabe que en las zonas vips lo de desgañitarse a gritar no está bien visto, se contienen las maneras y sobretodo se pone freno a la pasión. ¿Y qué es el deporte sin pasión? Nada.
Todo deporte necesita de sponsors, pero, ¿hasta dónde vamos a llegar? El tenis en nuestro país hace tiempo que dejó de estar asociado a una imagen de exclusividad. Por eso nuestro público entiende tanto de este deporte. Ahora tengo la sensación que retrocedemos en el tiempo. El público está muy lejos de la pista, apenas oye la respiración entrecortada de las jugadoras, sus gritos. Para eso, ¡mejor verlo en la tele!
Hablando de gritos, de Sharapova, algunos sólo han destacado eso. Sí, ya sabemos que en Wimbledon la organización le pidió que bajara el volumen de sus gemidos porque molestaba en las pistas vecinas; pero se merece un tratamiento informativo más profesional, porque Maria no sólo gime, gana torneos, 16 en total, sexta en el ranking. Se merece algo mejor.